Más allá de su buen hacer único, que ha sabido enriquecerse con el paso del tiempo, y de la pasión y el dominio técnico de los herederos de la propiedad, la Maison TESSENDIER hunde sus raíces en los recodos de la Historia de Francia para acabar participando del patrimonio cultural ancestral de la región de Coñac.

Un legado de Historia

Es necesario remontarse hasta el siglo XI para escarbar en los inicios de esta Historia, puesto que fue entonces cuando el Conde de Poitou, Guillaume, vendió a su primo, el Vizconde Hugues Maingot, una parte de sus tierras, convirtiéndolo así en el Señor de Surgères, cuyo lema familiar fue a partir de entonces “Post Tenebras Spero Lucem” que en español quiere decir: Tras las tinieblas, espero la luz.

 

El Vizconde Maingot, cuya ilustre familia había estampado su sello en la Historia tras los Duques de Aquitania y los Condes de Poitou, fue el último Señor de Surgères y dejó tras sí tres hijas fruto de su matrimonio con Marie Margat. Una de ellas, Laetitia Maingot, se convertiría en el icono de las raíces legendarias de la Destilería Tessendier al casarse con Pierre Tessendier.

 

A partir de aquí, la historia se hace legendaria y su legado empieza a tomar forma con la unión de Laetitia Maingot y Pierre Tessendier.

 

En 1862, su hijo Gaston Tessendier adquiere el Buisson junto con otras tierras y parcelas de viñas, que pasarían a integrar sus propiedades y conformarían el patrimonio de la actual Destilería Tessendier.

 

La tradición: un valor añadido

Gaston Tessendier se apasiona por la viña y aprende a trabajarla. Posteriormente, su hijo retoma el testigo y se inicia en las prácticas de la destilación y el añejamiento. Habiéndose completado la transmisión de este saber prodigioso, los miembros de la tercera generación Tessendier ya son expertos en ensamblaje y se convierten en “Creadores de Coñacs”.

 

Bebiendo de las fuentes de un saber hacer único -el preciado legado de los secretos de elaboración del coñac-, la Maison TESSENDIER & FILS supo apelar a un sentido de la tradición y a un espíritu de modernidad necesarios para comercializar en el mundo entero sus prestigiosos aguardientes.

 

El tiempo se convirtió en aliado de esta dinastía que, a través de las generaciones, inspirada por el alma y el saber de sus ancestros, supo constantemente enriquecer el carácter artesanal, complejo y valioso, de las producciones únicas elaboradas por sus maestros bodegueros.

 

Así es como la Maison TESSENDIER rinde a todos ellos un homenaje imperecedero al hacer del lema familiar “Post Tenebras Spero lucem” un emblema, a modo de sello que firma las Colecciones de sus botellas de coñac más nobles, para que por siempre jamás ¡“la historia se haga legendaria”!

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